Incentivos que echan un pulso a la ética

La Administración está preocupada por reducir el gasto sanitario, y la industria farmacéutica por incrementar sus beneficios promocionando sus productos. En medio de estos intereses contrapuestos se encuentra el profesional sanitario que recibe incentivos para colaborar en una y otra causa, con el deber de dar la mejor atención al paciente. La OMC y la Fundación de Ciencias de la Salud han publicado la guía Ética de los incentivos a profesionales sanitarios, para ayudar al médico en los conflictos que les puedan surgir con las propuestas de estos dos novios.

GUIA MORAL PUBLICADA POR LA OMC

Si todo el mundo tiene un precio, el de los médicos es de 5.000 dólares anuales (3.767 euros). Así lo ha señalado un estudio publicado en febrero de este año por el American Journal of Managed Care, que sitúa en esta cantidad el umbral a partir del cual un médico que trabaja en un país occidental responde a un incentivo. Francesc Borrell, doctor en Medicina y profesor en la Universidad de Barcelona, ha hecho referencia a este estudio para hablar de la guía Ética de los incentivos a profesionales sanitarios, publicada por la OMC y la Fundación de Ciencias de la Salud, en la que ha colaborado. “Los incentivos son éticamente admisibles cuando van a premiar el esfuerzo de un profesional, pero también son muy poderosos porque pueden influir en su conducta”, señala Borrell, quien, además, admite: “Los médicos somos seres humanos y podemos actuar irresponsablemente. Nos sabemos débiles y somos nosotros quienes tenemos que dar la voz de alarma”.

Recomendaciones
La guía de la OMC tiene la intención de orientar al facultativo en los dilemas éticos que plantean algunas de estas retribuciones extras, y para ello presenta casos reales. “No damos una respuesta. No decimos al facultativo qué tiene que hacer, sino que ofrecemos un razonamiento sobre el caso en cuestión”, apunta Fernando Carballo, jefe del Servicio de Medicina de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca (Murcia) y discípulo de Diego Gracia en su formación ética. Carballo, que también ha colaborado en este volumen, hace tres grandes divisiones al hablar de los incentivos a médicos: los dirigidos a contener el gasto, los ofrecidos por la industria farmacéutica, y los ligados a la promoción profesional de la carrera. “El primer tipo está muy generalizado en la Sanidad de Estados Unidos, donde se paga al médico en función de lo que ahorra”, apunta Carballo.

Reducir gastos al sistema sanitario es algo en lo que todos los expertos consultados están de acuerdo. hace pocos días el Tribunal de Luxemburgo ha dicho que no sólo es legítimo incentivar al facultativo por ahorrar en sus prescripciones, sino que la Administración sanitaria puede determinar hasta el principio activo más eficiente en la relación coste-resultado. En la Declaración de la Comisión Central de Deontología del Consejo General de Colegios de Médicos de España de 2005 hay un apartado dedicado a la ética de la relación profesional del médico con la industria farmacéutica, que dice: “El médico no puede olvidar que el dinero con que se han de pagar sus prescripciones no es suyo, sino del paciente o de las instituciones que las toman a su cargo, y que ha de hacer de él un uso racional”. Existe un compromiso del facultativo con la sostenibilidad del sistema y los incentivos dirigidos a premiar esta mayor implicación son vistos favorablemente. Vicente Ortún, director del Centro de Investigación en Economía de la Salud y profesor en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, va más allá en esta reflexión y apunta que “es inmoral prescribir cualquier acto médico sin tener en cuenta el coste de oportunidad. Hay que prescribir la alternativa terapéutica más barata que tenga la misma efectividad y seguridad”.

Sin embargo, bajo este apoyo incondicional a la contención del gasto se potencian prácticas éticamente cuestionables. “En los hospitales tanto de la sanidad pública como de la privada se está premiando al médico por reducir el tiempo de ingreso de los pacientes y el número de bajas laborales”, apunta Borrell, quien ve la posibilidad de que estas medidas dañen los derechos de los pacientes y su seguridad.

En este campo existe una gran autonomía dentro de cada comunidad autónoma e incluso de cada centro sanitario, que puede poner sus propios incentivos. Según Ortún, “al final, se tiende a homogeneizar los conceptos, y no hay tanta diferencia”, si bien reconoce que se está viviendo una carrera entre autonomías en las retribuciones a los facultativos basada en estos ingresos complementarios. Ortún llega a afirmar que “en algunos casos, para el médico es más importante lo que recibe de las farmacéuticas que su propio sueldo”.

Los conceptos por los que la industria retribuye al médico son muy variados y van desde el pago por conferencias, las subvenciones para proyectos de investigación, la participación en ensayos clínicos, los viajes a congresos, etcétera. Carballo reconoce que “la industria soporta mucha de la parte de la inversión que se hace en la gestión del conocimiento y a lo que se debe tender es a desligar esta actuación formativa de su actividad de márketing”. También se puede importar lo que ya es una práctica obligatoria en algún hospital de Estados Unidos y que señala Vicente Ortún: “que el médico haga público lo que cobra de la industria farmacéutica y la relación que tienen con ella. Algo que terminará pasando en España, aunque no me atrevo a ponerle fecha”.

RECETAS PARA QUE SALGAN LAS CUENTAS

La Administración sanitaria puede incentivar al médico para que prescriba un principio activo concreto en el tratamiento de una enfermedad. Así lo ha señalado el Tribunal de Luxemburgo en una sentencia que resuelve un conflicto de incentivos en el Reino Unido. Esta postura del tribunal europeo es respaldada por varios de los autores de la guía Ética de los incentivos a profesionales sanitarios, si bien con algunas puntualizaciones. Fernando Carballo, jefe de servicio en el Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca (Murcia) señala que “no se puede incentivar atendiendo sólo al criterio de reducir gastos. Debe ser un ahorro vinculado al aumento de la efectividad y el mantenimiento de la mayor calidad asistencial”.

ESTUDIANTES

El Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) lo tiene claro. El pasado martes anunció que “en pos de evitar el conflicto de intereses, conforme a las normas de la deontología profesional y por respeto a nuestros futuros pacientes, el CEEM no aceptará financiación alguna procedente de la industria farmacéutica”. Lucas de Toca, presidente saliente del CEEM, señaló a Diario Médico que el Consejo lleva casi dos años sin recibir ninguna subvención de empresas farmacéuticas. “Las ayudas que tenemos son de instituciones públicas, coorporaciones profesionales, universidades y colegios profesionales”, apuntó. El comunicado, aprobado por la Asamblea General a propuesta de la Comisión de Bioética del CEEM, ha destacado que España se suma así a la lista de países como Noruega, Estados Unidos, Australia o Canadá cuyas organizaciones de estudiantes de Medicina “han adoptado una política de transparencia ética y una prescripción responsable, científica e independiente”. En línea con este esfuerzo la patronal de las empresas farmacéuticas, Farmaindustria, publicó en junio de 2008 el Código español de buenas prácticas de promoción de medicamentos y de interrelación de la industria farmacéutica con los profesionales sanitarios, un documento que se mantiene en su web como uno de los más consultados.

Fuente: www.diariomedico.com  (Jueves, 29 de Abril de 2010)

2 Responses to “Incentivos que echan un pulso a la ética”

  1. cerrajero Ibiza

    Incentivos que echan un pulso a la ética « GECOTEND NEWS

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